MENSAJE DEL DÍA 3 DE SEPTIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

Amparo antes de comenzar el tercer misterio, ha dicho: Por todas las personas que tienen dudas, por qué se reza: Santa María Madre de Dios y Madre nuestra" digo que lo ha pedido la santísima Virgen. Hace ya casi un año que lo pidió aquí, en un tercer misterio me parece que fue, lo pidió como lo ha pedido en otros lugares del mundo también. Yo entonces pregunté; —porque a mí me han hecho varias preguntas— Pregunté a la Virgen y me dijo: que verdaderamente ¿si no era Madre nuestra?, ¿si al pie de la cruz su Hijo no le dejó la herencia de ser nuestra Madre? O sea, que por eso le agradaba que dijésemos Madre de Dios y Madre nuestra. Para todas esas personas que tienen esas dudas digo que lo ha pedido la santísima Virgen.

Si a mi la Iglesia me lo prohibiese, pues, claro, obedecería a la Iglesia, como es natural. Pero mientras la Iglesia no me lo pida yo seguiré rezando como lo ha pedido la santísima Virgen. Y verdaderamente yo creo que es nuestra Madre, y como es nuestra Madre no es ninguna cosa mala decir: Madre de Dios y Madre nuestra.

Miles de personas se juntan alrededor del fresno donde se aparece la santísima Virgen para rezar el santo Rosario y recibir la bendición de la Madre de Dios y Madre nuestra. Acabado de rezar el quinto misterio glorioso; Amparo dice: en estas tres Avemarías le vamos a pedir a la santísima Virgen, que nuestro corazón se inflame de Su amor, y ese amor que recibimos de la santísima Virgen lo compartamos con nuestro prójimo; con nuestro amor y nuestra caridad hacia él. Vamos a pedir por los que no rezan nunca ni tienen quien rece por ellos. También vamos a pedir a la santísima Virgen por los dueños de este prado, para que los colme de gracias y bendiciones (en este momento Amparo comienza a mirar hacia la parte del sol; su cara se transforma, y, con una expresión de gran alegría, con palabras entrecortadas por suaves suspiros continúa: Dios te salve María, Hija de Dios Padre... Dios te salve María, Madre de Dios Hijo... Dios te salve María, Esposa de Dios Espíritu Santo. Llena eres de gracia, el Señor está contigo, bendita eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Mientras las personas asistentes contestan: Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén. Amparo con la mirada fija, sin pestañear desde que comienza a mirar hacia la parte del sol, lanza un profundo suspiro, queda en éxtasis y transmite este mensaje de parte de la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Hija mía, empiezo con el sacrificio y con la oración y os termino diciendo: "SACRIFICIO Y ORACIÓN", hijos míos.

La sociedad, hijos míos, está a punto de ser castigada con un castigo terrible, hijos míos. La tierra temblará para todos aquellos que no han querido cumplir con los Mandamientos de la Ley de Dios; serán castigados, hija mía. También para aquellas almas consagradas que dicen servir a Dios y se han abandonado en la oración y en el sacrificio para adorarse ellos mismos. Si, hija mía, será terrible, porque Dios Padre los va a abandonar en manos de sus enemigos. Si, hija mía, el golpe fulminante de la cólera de Dios, está próximo; está próximo, hija mía, porque los hombres con sus desordenes y con sus crímenes han traspasado las bóvedas de los cielos, hija mía; por eso os pido, hijos míos, sacrificio y oración.

Si, hijos míos, en aquellos lugares que haya más pecado habrá mayor castigo. París, hija mía, será envuelto en llamas y grandes naciones serán engullidas bajo la tierra, hija mía. Por eso os pido, hijos míos, que pidáis perdón a Dios

Padre, que todavía tenéis tiempo para arrepentiros, hijos míos. Por eso os pido que améis a vuestro prójimo, porque si no amáis a vuestro prójimo, no podéis amar a Dios; porque el amor viene de Dios, y todo aquel que no ama no es nacido de Dios, hijos míos. Por eso os pido: "AMAD A VUESTROS SEMEJANTES", porque si no amáis a vuestros semejantes, no podéis amar a Dios, hijos míos, porque el amor viene de Dios. También si alguno os dice, hijos míos, que ama a Dios y no ama a su prójimo, no lo creáis, hijos míos, porque está mintiendo, está mintiendo; no puede amar a Dios que no lo ve, si no ama a su hermano que está viéndole diariamente, hijos míos. Por eso os pido que hagáis sacrificios, sacrificios y oración, y que pidáis por aquellos que no rezan y que améis a vuestro prójimo; porque los carros de fuego de Dios Padre están preparados, hijos míos, para transportaros a la tierra prometida. Pero estad atentos, hijos míos, que muchos sois los llamados hijos de Dios, pero pocos seréis los escogidos, hijos míos.

No os aferréis a las cosas terrenas, hijos míos; no podéis servir a dos amos: al dinero, a los placeres y al mundo; y a Dios; tenéis que dejar uno de los dos, hijos míos; o los placeres y el dinero o a Dios Padre, hijos míos. Pensad, hijos míos, que las riquezas no os van a servir nada más que para condenaros, hijos míos. Pensad lo que mi Hijo dejó escrito, hijos míos: ‘BIENAVENTURADOS LOS POBRES, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS’. Es mas difícil, hijos míos, que un rico entre en el reino del cielo que un camello por el ojo de una aguja, hijos míos. Por eso os pido que no os apeguéis a las cosas terrenas. Que si tenéis dos túnicas, dad una a vuestro hermano, hijos míos; dad una a vuestro hermano. Llevad la vida de Cristo que iba por los caminos con una alforja y una túnica y unas sandalias sin tener de repuesto nada, hijos míos.

Hija mía, es duro el camino de Cristo, porque para seguir a Cristo hay que seguir por el camino del dolor. Todos aquellos que estáis disfrutando de todas vuestras riquezas y de vuestros lujos, hijos míos, tendréis que dar cuenta a Dios Padre.

Tú, hija mía, esparce la simiente por todas las partes, déjala caer en todos los corazones, pero el que quiera, que la coja, hijos míos, y que de fruto de ella, y el que no, dará cuenta a Dios.

Si, hija mía, es muy fácil vivir como el rico avariento sin acordarse de dar las migajas a los pobres. La vida de Cristo es el sacrificio y la oración, hijos míos, y el amor a vuestro prójimo.

Mira, hija mía, cómo tienen mi Corazón los pecados de los hombres (Amparo llora con amargura al ver el Corazón de la santísima Virgen). Quita dos espinas (Amparo continua sollozando) sólo se han purificado dos (al arrancar las espinas del Corazón de la Virgen, Amparo aumenta sus sollozos y expresiones de dolor). No toques más, hija mía, sólo se han purificado dos.

Seguid con vuestras oraciones. Haced vigilias, hijos míos. Ofrecedlo por la salvación de las almas.

Sí, hija mía: (Amparo habla en un idioma extraño). Este tiempo falta para destruir la mayor parte de la humanidad; por eso, hija mía, os pido oración y sacrificio, por esos pobres corazones que rechazan la gracia de Dios, que están tan duros, hija mía.

Besa el suelo, hija mía, por la salvación de las almas (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo, volviendo a incorporarse con la misma lentitud). No te importe, hija mía, esta humillación. Piensa que el que se humilla será ensalzado ante Dios, hija mía; no te importen las burlas ni que te calumnien. Piensa en Cristo Jesús, a El también le calumniaron siendo inocente, hija mía. Tu misión es la de salvar almas; por eso te pido que seas humilde, hija mía; con humildad, con oración y sacrificio puedes ayudar a muchas almas para la salvación del mundo, hija mía. Piensa en Cristo Jesús y hazte pequeña, pequeña, para que luego subas alta muy alta.

Las moradas están preparadas, hijos míos, haced sacrificios para poder alcanzar las moradas, ya sabéis que el camino de Cristo es muy estrecho, hijos míos, y el camino del enemigo es ancho, muy ancho y lleno de felicidad y de placeres, hijos míos.

Hijos míos, os pido oración y sacrificios para poder salvar por lo menos la tercera parte de la humanidad.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo, hijos míos.

Levantad los objetos, hijos míos, serán bendecidos, todos los objetos recibirán gracias especiales para la curación de los enfermos y para la conversión de los pecadores, hijos míos.

Adiós, hijos míos. Adiós".

Amparo explica cómo se le apareció la Virgen: veo un rayo de luz que viene desde la parte del sol, se va abriendo como especie de un camino de luz donde veo a la santísima Virgen rodeada de ángeles. Comienzo a sentir dentro de mi algo que no sé explicar, siento que algo sale de mí cuerpo entonces no veo nada de lo que me rodea hasta que vuelvo a notar que algo vuelve ami. Entonces siento una gran tristeza al ver queme encuentro otra vez en el mismo sitio.

La Virgen venia vestida de azul y blanco. La túnica era blanca y el velo azul, parecen formar la túnica y el velo una misma pieza. Los pies los tenía descalzos, Los ángeles que acompañan a la santísima Virgen brillan como si tuvieran un cuerpo de oro.