MENSAJE DEL DÍA 4 DE JUNIO DE 1983
EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)
HABLA LA SANTISIMA VIRGEN:
"Hija mía, hija mía, el Reinado de mi Hijo está próximo, hija mía.
La prueba ha sido larga y dura, hija mía, pero piensa que Dios Padre te ha escogido como instrumento para la salvación de las almas. No creas, hija mía que Dios Padre es tirano, hija mía, es todo misericordia y amor, pero ha querido pulir tu cuerpo para darte la llave de la morada que te corresponde, y al mismo tiempo, hija mía, ha querido que seas víctima para la salvación de los hombres.
Sí, hija mía, te has ofrecido como crucifijo en reparación de todos los pecadores, pero piensa también, hija mía, que Dios Padre ha permitido esta prueba, para que participes de toda la Pasión de mi Hijo.
Sí, es triste, hija mía, pero pide por tus enemigos, pide por esas almas, están apagadas, hija mía y el demonio se vale de ellos para destruir las cosas de Dios. Tú, hija mía, piensa que te ha escogido mi Hijo, y que no va a pasar más que lo que El quiera, hija mía. También te digo, hija mía, que Dios Padre te recompensará ciento por uno, hija mía.
Mira, hija mía, los hombres no cambian y la misericordia de Dios se está acabando. Sí, tienes que ofrecerte y coger la cruz para la salvación de los pobres pecadores, hija mía. Mira, cada día, los humanos, me hacen sufrir más, hija mía. Mira mi Corazón, mira, está transido de dolor por todos mis hijos, por mis almas consagradas, ¡me dan tanta pena, hija mía!. Tú ayuda a salvar almas. Mi Hijo te ha dado gancho para salvar almas, por eso el enemigo te quiere destruir, hija mía.
Sed fuertes. Seguid adelante con la cruz, ¿de qué le vale al hombre tener todas las riquezas del mundo, si luego va a perder su alma, hija mía?
Sé como el Cirineo, ayuda a mi Hijo a llevar esa cruz.
Mira, mira hija mía, como sangra mi Corazón (Amparo llora desconsoladamente ante lo que ve). Este dolor me lo causan los pecadores, hija mía. Sólo quita una espina (sigue llorando desconsoladamente al quitar la espina). No toques más, no toques más, hija mía, están todas sin purificar. Parte de ellas son mis almas consagradas.
Besa el suelo, hija m ía, en reparación de todos los pecados del mundo (Amparo se inclina y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve en reparación por todos los pecados de los hombres. Seguid rezando el santo Rosario, hijos míos. El Reinado de Cristo se aproxima. Ayudad a mi Hijo a llevar la cruz, hijos míos. Todos aquellos que no os hayáis acercado al Sacramento de la Confesión y después al de la Eucaristía, haced lo hoy mismo, que puede llegar la muerte como el ladrón, sin avisar, en cualquier momento, hijos m íos. Pensad en que tenéis un alma, no penséis en los milagros del cuerpo, lo más importante son los milagros del alma, hijos míos.
No os riáis icuántos en este momento os estáis burlando de mis mensajes! ¡pobres almas!, ime dan tanta pena, hija mía!.
Sacrificios, sacrificios y oración para llegar al Cielo es necesario, hijos míos. Haced sacrificios por los pecadores. ¡Tantas almas se condenan porque nadre, nadie ha pedido por ellos, hijos míos!
Sed humildes, hijos míos, la humildad es la base principal para llegar al Cielo.
También, no penséis que busca mi Hijo a todos los justos, busca a los pecadores, y se vale de ellos para convertir a las almas, hija m ía, se vale de almas pequeñas e incultas para confundir a los grandes y poderosos.
Tú, hija mía, sigue con la cruz, sigue a mi Hijo, no te acobardes, piensa que si te ha escogido mi Hijo, no va a pasar más de lo que El permita, hija mía.
Escribe otro nombre en el libro de la vida, también este nombre escógelo tú, hija mía (Amparo escribe de derecha a izquierda en el aire) ¿Ves, hija m ía, como Dios Padre da la recompensa al sufrimiento?
Sí, hijos míos, haced sacrificios, pedid por las almas consagradas ¡las amo tanto! y qué mal me corresponden.
Os bendigo como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
Adiós, hijos míos. Adiós".