MENSAJE DEL DÍA 1 DE SEPTIEMBRE DE 1984
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
Como es habitual los primeros sábados, miles de personas acuden a rezar el santo Rosario a Prado Nuevo. Al final del cuarto misterio, Amparo con un gesto de admiración y profundos suspiros de felicidad, transmite las palabras que le comunican la santísima Virgen y el Señor.
LA VIRGEN:
"Voy a dar mi santa bendición, hija mía, como he prometido; después se quedará mi Hijo contigo.
Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espiritu Santo.
(Al ver al Señor, Amparo emite expresiones inarticuladas de íntimo e intenso júbilo).
EL SEÑOR:
Hija mía, que no te invada la tristeza, refúgiate en mi Corazón; mi Corazón está abierto para que te refugies en él (aquí Amparo da señales, sin palabras, de gozosa emoción); aunque estás llena de miserias, de faltas, hija mía, te dejo un hueco en mi Corazón; ya sabes que escojo víctimas y quiero almas víctimas para salvar por lo menos la tercera parte de la humanidad.
(Amparo exterioriza profunda tristeza)
¡Cuántas veces te he dicho que nunca digas: no puedo más!; no abandones el tesoro de la cruz; cógela sobre tus hombros y tenla unos segundos.
(Amparo toma algo que no y se lo pone sobre su hombro derecho, dando la sensación de que lleva a cuestas una cruz muy pesada que la obliga a manifestar intenso dolor).
Descárgatela, he dicho sólo unos segundos.
(Con gran dificultad, Amparo se descarga lo que parece pesarle mucho y sus lamentos se vuelven más suaves).
Esto es el tesoro de la cruz, bija mía; con la cruz podrás llegar muy alto, pero sin la cruz no conscguiras las moradas, hija mía.
(Amparo solloza nuevamente).
La tristeza que te invade, deséchala, no pierdas el tiempo en esa tristeza. Mientras estas pcnsando en invadirte con esa tristeza, no piensas en Mi, hija mía; no quiero que me robes ni un minuto de tiempo.
Ahora, para que seas humilde; en acto de humildad, besa el suelo, hija mía.
(Se inclina lentamente y besa el suelo siendo acompañada por muchos de los presentes). En acto de humildad. Quiero que seas humilde para poder terminar de pulirte. hija mia.
(Amparo respira profundamente y dice):
Déjame que toque el pie. (Toca algo en el aire y da la sensación de besarlo).
Cuando estés triste, implora a mi Corazón, y mi Corazón te refugiará.
(Amparo solloza nuevamente y le dice al Señor):
Ayúdame, ayúdame.
¿Cómo voy a abandonar a un alma que he escogido para víctima?, antes me abandonarias tú, hija mía; pero Yo nunca te abandonaré.
(Amparo vuelve a sollozan, aunque más serenamente). Te quiero más enferma todavía, como victima para la salvación de las almas. ¿De que te iba a serwr, hija mía - ya te he dicho muchas veces— tenerlo todo, si vas a perder tu alma?
No me abandones, hija mía. Si te calumnian ofrécete Mí, a Mí me calumniaron, y tú no eres más que Yo.
(Amparo entre sollozos dice):
Yo quiero ser como Tú quieras, pero ayúdame, se ríen de mí.
De Mí se rieron, hija mía, y hasta mis discípulos me abandonaron. Quiero que seas humilde, y deja la soberbia, hija mía. Yo no te daré más de lo que puedes. Ofrécete como víctima que te escogí; tú dijiste que sí, hija mía. Yo nunca cojo víctimas sin que ellas digan sí al sufrimiento.
Vuelve a besar el suelo por la salvación de las almas, hija mía. (Por segunda vez Amparo besa el suelo, siendo acompañada igual que la vez anterior por muchos de los asistentes al rezo del santo Rosario)..
Te quiero humilde para terminar de pulir tu cuerpo. (Suspiros de satisfacción).
Voy a dar mi santa bendición.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
Hoy voy a bendecir Yo todos los objetos.
Qué satisfacción siente mi Corazón de ver que miles de almas están en este lugar. (Con la satisfacción de Jesús concuerda la de Amparo gozosamente expresada).
Levantad todos los objetos.
(Después de profundos suspiros de satisfacción, dice embargada de tristeza):
No te vayas.
Adiós, hijos míos. Adiós".
(Continúa el rezo del quinto misterio).