| "Yo
prometo a todo el que rece el Santo Rosario diariamente y comulgue los primeros
sábados de mes, asistirle en la hora de la muerte." (El Escorial. Stma. Virgen, 5-03-82) |
![]() |
"Todos
los que acudís a este lugar, hijos míos, recibiréis
gracias muy especiales en la vida y en la muerte." (El Escorial. El Señor, 1-1-2000) |
|---|
LA
VIRGEN:
Hija mía,
aquí estoy otra vez como Madre de los afligidos, Madre de los pecadores.
Sé, hija mía, que tu corazón está afligido, pues
te has quedado huérfana de un director que tanto te ha ayudado, a lo
largo de tantos años, hija mía, pero te ha preparado y, desde
el Cielo, te seguirá ayudando y seguirá ayudando a esta Obra,
que tanto y tanto ha amado.
PADRE
ALFONSO MARÍA:
Dios permite que me veas, hija mía, que diferencia la del Cielo a
la Tierra: aquí no valen los títulos, ni los nombramientos; aquí
es todo a lo Dios ¡qué grandezas las del Cielo y ver el rostro de Dios!
Cuántas almas llegan aquí, por ese lugar, con una vida perfecta,
porque los hombres se llaman católicos practicantes, ¿pero cómo
viven la doctrina...?
¡Qué maravillas las del Cielo cuanto he anhelado este lugar y este momento! No te quedas sola, desde aquí velare por ti. Luchad todos para venir a juntarnos todos: ¿Cómo los hombres pueden negar la existencia del Cielo y del Infierno? Y muchos pastores que niegan la existencia del Infierno no saben el mal que hacen a las almas; cuando se encuentren ante el atribunal de Dios... Hermanos ,sed sinceros en predicar el Evangelio tal como está escrito; que los hombres sepan las verdades. No tengáis temor de explicarles las verdades, porque cuánto se pierde en llegar aquí por no haberles dicho con claridad la existencia del Cielo y del Infierno. Qué grandezas las que hay aquí, qué diferencia en la Tierra a este lugar: en la Tierra todo atrae al hombre menos Dios y aquí sólo te atrae Dios. Esta grandeza infinita no la perdáis, hijos míos. ¡Cómo os atrevéis a no explicar las verdades!
LUZ
AMPARO:
¡Ay, qué grandezas, Dios mío! ¡Ay, Padre, ayúdeme!
PADRE
ALFONSO MARÍA:
Ya he llegado aquí a ver el rostro de Dios, qué alegría
siente todo mi ser porque estoy impregnado de la divinidad de Dios participando
de estas grandezas. ¡Que grandezas y cuánto he deseado este momento!
Esta es la grandeza infinita por la que tiene queluchar el hombre, no hay otras
grandezas en la Tierra mayor que ésta; dejad los halagos, vivid para
Dios y no seáis centros, que los hombres son muy dados a hacernos centros;
y no os dejéis embaucar por unas palmaditas, que es fácil, como
no reflexionéis, de que el demonio os conquiste por la soberbia y la
vanidad. Luchad, sólo Dios basta, amad a las criaturas pero Dios por
encima de todas las cosas. ¡Cuántos se quedan sin llegar aquí,
hijos míos, porque se han creído Dioses y todo lo que han hecho
lo han hecho para su vanidad y su persona: no os dejéis conquistar por
los hombres conquistad a los hombres para Dios y dejad que Dios conquiste vuestro
corazón! Vivid una vida entregada, amad mucho esta Obra. En esta Obra
iréis por camino de perfección, pero ¡Ay, cómo os dejéis
halagar y dar palmaditas en la espalda!; no seáis centros, hijos míos,
cuánto me sirvió esto a mí, aunque yo amaba mucho a mi
Dios, pero cuánto bien me ha hecho. Ay, hija mía, lucha para que
un día estemos juntos. He dirigido tu alma, hija mía, todo lo
mejor que he podido para encaminarla a Dios; sigue por el camino perfecto, desprendido,
y humíllate, hija mía, que todo el que se humille será
ensalzado. No olvides todo lo que te he enseñado, y también gracias
os doy por todos los bienes que he recibido de vosotros. Criaturas que os habéis
entregado a Dios, es el mejor camino más perfecto y seguro. Que nadie
os confunda, nadie. Estad siempre unidos y ninguno que sea mayor que otro. Amaos.
Cuántas almas hay en este lugar participando de esta misma gracia, pero
han tenido que ser humilladas y pisoteadas para llegar tan alto. Sé muy
humilde, hija mía, no olvides mis consejos.
LA
VIRGEN:
Otras almas están en este lugar. Este alma va a hablar porque Dios se
lo permite.
ALMA
DEL PURGATORIO:
Yo estoy aquí, en el Purgatorio, soy un alma que me entregué a
Dios, pero no fui fiel a mi vocación y tenia otro lugar para ir, un lugar
tenebroso, un lugar donde no existía la paz, donde no existe el amor,
pero, por la misericordia de Dios, aquí estoy. Gracias a vuestras oraciones
estoy esperando salir de un momento a otro de este lugar. Aunque es un lugar
de purificación pero ¡somos tan felices purgando nuestras deudas! No
cambiaríamos nada de la Tierra por el Purgatorio, pues hemos visto a
Dios, desde lejos, nos ha abierto un rayito del Cielo y lo hemos visto y su
Madre Santísima nos consuela. No queremos nada ni aspiramos nada que
no sea Dios, que no sea la eternidad: estar con la Divina Majestad de Dios.
Nada cambiaríamos, aunque sufrimos para purificar nuestras culpas, por este lugar. Llevo aquí mucho tiempo, aunque mi tiempo no es vuestro tiempo, pero no importa el tiempo, importa el lugar donde voy a ir. Y otras muchas están purificándose, aunque es un lugar de dolor también es un lugar de gozo...
EL
SEÑOR:
Mira los condenados.
LUZ
AMPARO:
¡Qué horror!
ALMA
CONDENADA:
No queremos saber nada ni de vosotros ni de Dios; no cambiaríamos
las penas ni el dolor, para ir al Cielo. Nuestra misión es el odio, la
destrucción, el desamor; es un tormento que no acabará nunca y
nunca nos consumirá; es un fuego devorador que devora nuestras entrañas;
pero somos malditos de Dios porque nosotros no hemos querido amarlo. Pero sí
que quiero que aviséis a los hombres los tormentos tan grandes que hay
en este lugar, para que no lleguen a él; así me lo ordena la voz
de Dios... Pero por mí arrastraría a todos a este lugar donde
se consumieran con el fuego, donde el odio, donde la destrucción, no
dejan de existir. Todo es amargura, y nuestra misión es destruir a las
almas.
LUZ
AMPARO:
¡Qué horror!
ALMA
CONDENADA:
Muchos llegamos aquí porque nadie ha querido decirnos la verdad y
nosotros tampoco hemos querido comprenderla; era más fácil vivir
en comodidad, en abundancia, en hacer cada uno lo que nos da la gana, sin hacer
la voluntad de Dios. Este es nuestro sueldo, nos pagan para quien hemos trabajado;
sentimos odio, desprecio. Si Dios nos dejara, destruiríamos el mundo.
Sólo sentimos deseos de arrastrar a todos los hombres para que participen
de este dolor.
LA
VIRGEN:
Hija mía, ¿ves qué diferencia del amor al odio? Fíjate
la paz que hay en este lugar y el odio, el desprecio, el rencor que hay en el
otro; luchad, hijos míos, y no os dejéis conquistar por palabras
que regalen vuestros oídos, por comodidades para vuestro cuerpo. Sed
fieles a la voluntad de Dios, amad nuestros Corazones, hijos míos. Las
almas buenas gozan de la misericordia tan grande que Dios ha tenido con ellas
, porque han sido capaces de luchar, de desprenderse, de no aceptar vanidades,
ni rencores, ni envidias, de ser pobres, humildes, de sacrificados, de imitar
a Jesús en la Cruz y a María en Nazaret. ¿No has visto a tu padre
espiritual, hija mía, qué gozoso está en la presencia de
Dios? Toda su vida entregada a Dios desde muy niño; desde nueve años
ya empezó su camino, hija mía.
EL
SEÑOR:
Se entregó todo, por eso yo le di el premio a él y a ti; a
él, de ser tu director espiritual y a ti, de aprender de él. Por
eso pido a los hombres: acercaos a los Sacramentos, hijos míos, no os
abandonéis en la oración, dejad el mundo y todas las vanidades
que hay en el mundo y llevad un camino recto y seguro. En el mundo hay una crisis
de fe que los hombres han perdido, porque todo lo ven bien. El hombre ha perdido
la moral y el mundo está lleno de una inmoralidad: que nada es pecado,
la carne la llevan en triunfo y te repito, hija mía, que los hombres
quieren cambiar las leyes, no aceptándose cada uno como es, en el camino
de la santidad ,si no en la inmoralidad y adulterando su cuerpo: hombres con
hombres, mujeres con mujeres . ¡Pero hasta dónde vais a llegar criaturas,
que no respetáis la ley de Dios! Dios creó al hombre para procrear
y a la mujer; no para gozar ni para placeres ni pasiones. El hombre lo ha olvidado;
te repito, hija mía, esto parece Sodoma y Gomorra: ¡Hasta cuándo
tiene Dios que avergonzarse de los hombres! Orad, hijos míos, orad, para
no caer en tentación.
Acudid a este lugar, hijos míos, que sólo vengo a enseñar que cumpláis con el Evangelio tal como está escrito y no pongáis leyes cada uno a vuestro antojo. Orad, sacrificaos, hijos míos, acercaos al Sacramento de la Confesión y de la Eucaristía, para fortalecer vuestras almas; que los hombres están en una tibieza porque han dejado a Dios y cada día el demonio se está apoderando más de las almas, y los guías no ven la situación del mundo; ciegos, que vuestra soberbia no os deja ver ni aceptar que Dios se manifieste a los humildes para confundir a los soberbios y a los que se creen grandes y poderosos. Pedid, hijos míos, por ellos.
LA
VIRGEN:
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales,
para los pobres pecadores.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo,
con el Espíritu Santo.
"Haced apostolado por todas las partes
del mundo, hijos míos,
extended los mensajes, hijos míos.
¡Cuántos se ríen de mis mensajes!
Llevadlos por todos los rincones de la tierra.
(Stma. Virgen: 1-10-1983)
| Mensajes Anteriores |
|---|