MENSAJE DEL DÍA 29 DE JUNIO DE 1983(SAN PEDRO Y SAN
PABLO)
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL
(MADRID)
LA VIRGEN:
Hija mía, hoy es un día importante, hija mía, día de los Apóstoles de Cristo, hija mía. Sed imitadores, imitadores de los discípulos de Cristo; pero para ser discípulos, hijos míos, tenéis que ser perfectos como vuestro Padre Celestial fue perfecto, hijos míos.
Necesitamos apóstoles para los últimos tiempos,
pero tenéis que ser humildes y sentir amor, amor hacia vuestros semejantes.
También pensad, hijos míos, que sin humildad no se puede ser apóstol de Cristo.
Sed como san Pablo, hijos míos, que decía: “¿De qué importa todo esto, hijos
míos? ¿Qué importa todo el sufrimiento de la Tierra para el premio que espera en
el Cielo?”. Esto lo decía san Pablo constantemente, hijos míos; por eso os digo
que, para seguir a Cristo, tiene que ser por el camino del
sacrificio.
¿Cómo, hijos míos, cómo
podéis pensar que Dios es tirano? Dios es misericordia y amor, pero dará a cada
uno —os he repetido muchas veces— según sus obras, hijos
míos.
Hablad de Cristo por
todas las partes del mundo, por todos los rincones de la Tierra. Llevad la luz
de los Evangelios. Estamos en los últimos tiempos, hijos míos, y es preciso que
se publique la palabra de Dios por todas las partes.
¡Cuántos sois como san
Pedro, hijos míos! ¡Cuántos hay aquí que negáis a Cristo! Pero, hijos míos,
estáis a tiempo; san Pedro se arrepintió con tiempo; vosotros podéis hacer lo
mismo.
Besa el suelo, hija
mía, en reparación de todos los pecados del mundo... Este acto de humildad,
hijos míos, sirve para salvar almas. Vosotros podéis hacerlo diariamente y
ofrecerlo por esas almas que no han conocido a mi Hijo.
Hijos míos, seguid
rezando el santo Rosario, ¡me agrada tanto esa plegaria!, y con el Rosario se
pueden salvar muchas almas, hijos míos. También os pido que hagáis visitas al
Santísimo, ¡mi Hijo está triste y solo esperándoos a todos, hijos
míos!
Sed humildes, hijos
míos, sed humildes para poder conseguir el Cielo. El mundo está cada día peor y
las almas se meten cada día en el Infierno por sus pecados, porque no quieren,
hijos míos, no quieren recibir la gracia de Dios. ¡Pobres almas, hijos míos!
Pedid por las almas consagradas. Pedid, hijos míos, como decía mi Hijo: “Pedid
y
recibiréis”.
Mira, hija mía, mi
Corazón sangra de dolor por todos mis hijos, por todos sin distinción de razas,
hijos míos. Os quiero salvar a todos, hijos míos, pero hay almas que no quieren
recibir la gracia que les doy. Mira cómo está mi Corazón, hija mía... (Luz
Amparo, ante esta visión, llora desconsoladamente). Pero, hija mía, se han
purificado tres almas; vuestras oraciones están salvando muchas almas. Quita
tres, hija mía, quita tres espinas de mi Inmaculado Corazón... No toques más,
hija mía, no toques más, siguen sin purificar, hija mía.
Haced sacrificios,
hijos míos, haced sacrificios y oración. Con el sacrificio y la oración, podéis
salvar muchas almas, hijos míos.
Escribe un nombre, hija
mía, en el Libro de la Vida... Hay muchos nombres, hija mía, en el Libro
de la Vida.
Seguid rezando mi
plegaria favorita, hijos míos; seguid rezando para la salvación de las almas.
¡Cuántas almas, hijos míos, se condenan porque nadie reza por
ellas!
Besa los pies, hija
mía, en recompensa de tu sufrimiento, hija mía...
Os bendigo, hijos míos,
como el Padre os bendice en el nombre del Hijo y con el Espíritu
Santo.
Adiós, hijos míos.
Adiós.