MENSAJE DEL DÍA 5 DE
MAYO DE 1990, PRIMER SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO DE
EL ESCORIAL (MADRID)
LA
VIRGEN:
Hija mía, hoy mi
Corazón, como tantas y tantas veces, viene lleno de dolor, pues los hombres,
hija mía, no hacen caso a las llamadas del Cielo y van a perecer como cuando
Sodoma y Gomorra; los hombres cerraron sus oídos y perecieron todos juntos, hija
mía. Vuelvo a hacer una llamada para creyentes y no
creyentes.
Vosotros creyentes, que
os llamáis creyentes y estáis ajenos al Evangelio, vivid de la fe, de la
esperanza y de la caridad. Vivid, hijos míos, el Evangelio. Los tiempos son muy
graves y no hacéis caso a las llamadas de vuestra Madre.
Y vosotros, jóvenes,
que os dejáis arrastrar por el enemigo, y os introduce en las drogas, en el
alcohol, en la carne, en todos los vicios, para apartaros de Dios, hijos míos,
¡no veis la astucia del enemigo! Porque el demonio os muestra fácil el camino
para vuestra perdición, hijos míos.
El hombre no tiene
hambre de Dios; tiene hambre del mal; el hombre, su soberbia, hija mía, le
engríe y se cree muy grande y fuerte. Si el hombre se reconociese su pequeñez,
pensaría más en Dios y se humillaría. El hombre cree que se puede valer por sí
mismo. ¡Ay, ciegos y necios!; sin Dios no tendréis vida, hijos míos; Dios es el
principio y el fin, el camino y la vida. Donde no está Dios, hijos míos, no
habrá paz; sólo habrá muerte.
Y vosotros, ministros de la Iglesia,
¡qué indiferencia sentís ante Cristo! Le abandonáis, hijos míos, le dejáis solo
y abandonáis vuestro ministerio. Mi Corazón está triste, hijos míos, porque
vosotros habéis recibido más gracias. Mi Hijo ha dejado que le conduzcáis en
vuestras manos manchadas de pecado.
Y vosotros, aquel
pequeño número de almas que seguís el Evangelio, consagraos a mi Inmaculado
Corazón y consagrad toda vuestra voluntad y haceos víctimas de reparación por
los pecados de vuestros hermanos, para que la agonía de mi Hijo no sea tan dura,
hijos míos. Mi Hijo sigue en agonía por sus almas
consagradas.
¡Despertad, hijos míos,
que vais a perecer todos juntos!
Acudid a este lugar,
que en este lugar seréis bendecidos y protegidos.
Todo está próximo, hija
mía. Mira, cuando esto suceda...
LUZ
AMPARO:
¡El Santo Padre!...
¡Ay, yo le veo como si se muriese el Santo Padre!... ¡Ay,
ay!...
LA
VIRGEN:
Cuando este santo varón
desaparezca, hija mía, la Iglesia irá cada día peor.
LUZ
AMPARO:
¡Ay!, pero, ¿es pronto,
Madre mía?
LA
VIRGEN:
Muy pronto, hija mía,
va a suceder todo esto.
LUZ
AMPARO:
¡Ay...! ¡Ay, Madre mía,
no lo permitas...!
LA
VIRGEN:
Los hombres están
faltos de oración, sacrificio y penitencia. El mundo está al borde del
precipicio.
Tú, hija mía, que nada
te desaliente, el sacrificio y el dolor que sufras por Cristo y por la salvación
de las almas. Mi Hijo elevará tu espíritu, hija mía, y te dará fuerza; piensa
que el dolor se queda en el tiempo; el tiempo es corto y tus dolores, hija mía,
irán disminuyendo. Pero la eternidad es larga.
¡Ay, la juventud, hija
mía! Pide por la juventud, que sus corazones están empedernidos por los vicios;
Satanás los deja ciegos y sordos a su palabra de... Los hace ver, hija mía, que
sólo el cuerpo está hecho para gozar de él. Para su palabra les hace abrir los
oídos, pero para la palabra del Evangelio los hombres la cierran; cierran
fuertemente el oído y no quieren entender el Evangelio; se lo aplican tal como a
ellos les conviene. ¡Pobre juventud, cómo es arrastrada al vicio y a los
placeres del mundo!
¿No os da pena de
Cristo, hijos míos? ¡Cómo aumentáis su flagelación y cómo hacéis su agonía más
dura!
Venid, creyentes y no
creyentes a este lugar para fortalecer vuestro espíritu y veáis con claridad la
verdad del Evangelio. Amad a la Iglesia, hijos míos, amad al Vicario de Cristo;
rezad mucho por él, pues poco tiempo estará entre vosotros, hijos
míos.
Sólo la oración, el
sacrificio y la penitencia... puede compadecerse de vosotros Dios Creador, hijos
míos. ¡No seáis ingratos! ¡Dad un poco consuelo a nuestros
Corazones!
Besa el suelo, hija
mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo...
Los tiempos son graves,
hija mía, el tiempo apremia y los hombres no cambian. Pedid mucho por el Vicario
de Cristo. El corazón de la juventud está endurecido y no respetan las leyes de
Dios.
¡Madres, pedid por
vuestros hijos y haced sacrificio y penitencia por ellos! Vuestros corazones
sufrirán mucho viendo cómo vuestros hijos se arrastran hacia el camino de la
perdición; pero no, hijos míos, por falta de gracias, sino porque les gustan los
placeres y los gustos del mundo. Y vosotras, madres, la mayoría de las veces
sois culpables de los pecados de vuestros hijos. Educadlos en el santo temor de
Dios y exigidles penitencia y sacrificio, y vigilad a vuestros hijos, hijos
míos. Se han escapado de las manos de Dios. Pero vosotras sois responsables y
tendréis que dar cuenta ante Dios vuestro Creador, hijas mías; sólo queda que
o... (Pausa en la que Luz Amparo muestra
admiración).
Mira, hija mía, así
viven en la hipocresía, en la mentira, en el engaño; siguen engañando y
mintiendo.
LUZ
AMPARO:
¿Qué tengo que hacer
yo, Señor? Yo ya no puedo hacer más: pido por ellos y rezo por ellos, y me
sacrifico por ellos; ¿qué más puedo hacer, Señor? Me ofrezco víctima de
reparación por todos los pecados del mundo. Dame fuerzas,
Señor.
LA
VIRGEN:
Vuelve a besar el
suelo, hija mía, por tantas ofensas hechas a nuestros
Corazones...
Mira nuestro Corazón,
hija mía; cada vez están más profundas las espinas, hija mía... (Llanto
profundo de Luz Amparo, que se prolonga al mismo tiempo que sigue el
mensaje).
Por eso, hija mía,
estas lágrimas que derramo las derramo con mucho dolor, porque veo que los
hombres son ingratos a la gracia y la rechazan. Tú sigue sufriendo, hija mía, en
reparación de todos los pecados que se cometen en el
mundo.
Yo prometo que a todo
el que acuda a este lugar: derramaré gracias sobre sus almas y sobre sus
cuerpos.
Acudid, hijos míos, y
todos seréis bendecidos y marcados con una cruz en la
frente.
Pero ¡cuidado de todos
aquéllos que vais de pueblo en pueblo, de vidente en vidente, que la mayoría de
todos ellos son falsos! Todo aquél que no vaya con la Iglesia va contra Cristo;
todo aquél que diga que es reencarnado, es falso; la Iglesia no admite la
reencarnación y están desobedeciendo a la Iglesia; ¡cuidado, hijos míos! Orad y
haced penitencia, que los tiempos son graves.
Levantad todos los
objetos, hijos míos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
salvación de las almas...
Os bendigo, hijos míos,
como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.