NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA

LEY DE DIOS:

AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS Y AL PROJIMO COMO A SI MISMO, POR AMOR A DIOS; y
DIEZ MANDAMIENTOS.

Y por no cumplir esta Ley, quién más, quién menos,

SOMOS TODOS PECADORES

Y pasamos los días de nuestra vida, unos arrepintiéndonos y confesando nuestras culpas, otros, sin pensar en nada, no nos importa nada, o simplemente no creemos.

En el primer caso, Dios nos perdona, pero debemos pagar las culpas en la otra vida.

En el segundo caso, estamos en infracción y, crudamente hablando, somos delincuentes ante Dios.

En ambos casos la MISERICORDIA DIVINA nos ofrece:

BORRON Y CUENTA NUEVA.

Y para ello, JESUS dictó a Sor María Faustina la

NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA.

que comienza el VIERNES SANTO y termina el primer domingo después de Pascua.

Además, dijo: "ANTES DE VENIR COMO JUEZ, ABRIRE DE PAR EN PAR LA GRAN PUERTA DE LA MISERICORDIA. QUIEN NO QUIERA PASAR POR ESTA PUERTA, TENDRA QUE PASAR POR LA DE MI JUSTICIA" (A Sor Faustina, 1931-1938).


¡JESUS, EN VOS CONFIO!

NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA

- ORIGEN -

El texto de esta novena es traducción fiel del original latino aprobado por varios señores Obispos, entre ellos el Cardenal Augusto Hlond, Primado de Polonia (13 abril de 1947).

El origen de esta novena se atribuye piadosamente a Nuestro Señor Jesucristo, dictada a Sor Faustina, Religiosa de la Misericordia, en agosto de 1937.

La causa de Beatificación de Sor Faustina se introdujo en Roma en 1960. Posteriormente, el defensor de su causa, el Cardenal Karol Woityla, al subir a la Cátedra de San Pedro con el nombre de Papa Juan Pablo II, la beatificó.

Resulta superfluo recalcar la importancia inconmensurable de este rezo del Divino Autor. Las almas de oración gustan de utilizarlo como NOVENA PERPETUA, rezándola diariamente, para lo cual, bastan sólo dos minutos diarios.

Nuestro Señor, en su Misericordia sin límites, prometió a quien rezare esta Novena, a partir del Viernes Santo hasta el Primer Domingo después de Pascua (9 días) y que en ese día Confesare y Comulgare con las debidas disposíciones, que obtendría no sólo el perdón de los pecados, sino también "EL PERDON DE TODAS LAS PENAS MERECIDAS POR SUS PECADOS Y QUE DEBERIAN PAGAR EN LA OTRA VIDA".

(Para obtener este beneficio en su totalidad, es necesario, además, al confesarse, arrepentirse de los pecados veniales no confesados, de los de omisión, y aún de los que, sin intención, fueron causa de pecado o escándalo para otros).


Día Primero

Roguemos para que Dios se digne mostrar su Misericordia a toda la humanidad.

    - ¡Misericordiosísimo Jesús!, de quien es propio ser misericordioso y perdonar: no mires nuestros pecados, sino la confianza que ponemos en tu infinita bondad. Guárdanos a todos en tu Misericordiosísimo Corazón y haz que no salgamos jamás de El. Te lo suplicamos por el amor que te une al Padre y al Espíritu Santo. Señor, por la confianza que ponemos en tu Santo Nombre, muéstranos tu Misericordia, porque Tú eres todopoderoso, benignísimo, paciente, fiel, bueno y misericordioso.

    - ¡Eterno Padre!, mira a toda la humanidad con ojos misericordiosos, especialmente a los pecadores más necesitados, cuya única esperanza es el Misericordiosísimo Corazón de tu Hijo y Señor Nuestro Jesucristo. Por su dolorosísima Pasión, haz brillar sobre nosotros tu Misericordia, para que así todos merezcamos glorificar tu Omnipotencia por toda la eternidad. Amén.

Padrenuestro... Avemaría... Gloria...


Día Segundo

Roguemos por el estado Sacerdotal y Religioso, a través del cual se derrama la Divina Misericordia sobre toda la humanidad.

    - ¡Misericordiosísimo Jesús!, de quien procede todo lo bueno: te rogamos colmes de gracias las almas de tus Sacerdotes y las del estado religioso, para que cumplan dignamente y con fruto sus deberes en tu Viña, y para que con la palabra y el ejemplo, nos animen a todos a guardar el debido culto a la Divina Misericordia.

    La Fuente de la Misericordia y del Amor Divino fija su morada en los corazones humildes y adornados de virtudes que, purificados en las aguas de la Divina Misericordia, brillan como estrellas y cual aurora matutina.

    - ¡Eterno Padre!, mira con ojos de Misericordia a los Operarios de tu Viña -las almas de tus Sacerdotes, Religiosos y Religiosas- a quienes tu Hijo y Señor Nuestro Jesucristo se digna asistir con especial amor y predilección. Fortalécelos con tu Bendición e ilumínalos especialmente, para que guíen con acierto a las almas por el Camino de la Salvación y para que les obtengan, a todas, las gracias de la Divina Misericordia. Amén.

Padrenuestro... Avemaría... Gloria...


Día Tercero

Roguemos por todos los Fieles cristianos.

    - ¡Misericordiosísimo Jesús! Tú, que nos prodigas abundantemente las gracias del tesoro de tu Misericordia: guárdanos a todos los fieles cristianos en tu Misericordiosísimo Corazón y haz que ninguno jamás salga de El. Te lo rogamos por el amor que te une al Padre y al Espíritu Santo.

    Las maravillas de su Misericordia son insondables y no las puede penetrar ni el pecador ni el hombre justo. A todos nos mira el Señor con ojos compasivos y nos atrae a su amor.

    - ¡Eterno Padre!, mira con ojos de Misericordia las almas de tus fieles, la elegida herencia de tu Hijo. Por su dolorosa Pasión, concédeles tu Bendición y protégelos siempre para que nunca pierdan la Caridad y el tesoro de la Santa Fe, y puedan así glorificar eternamente, junto con los Coros de Angeles y con todos los Santos, tu infinita Misericordia. Amén.

Padrenuestro... Avemaría... Gloria...


Día Cuarto

Roguemos por los paganos e infieles que aún no conocen la Divina Misericordia.

    - ¡Misericordiosísimo Jesús! Tú eres la verdadera luz que ilumina este mundo. Recibe en tu Misericordiosísimo Corazón las almas de los paganos e infieles que aún no te conocen; que la Luz de tu Gracia los ilumine, para que ellos, junto con nosotros, glorifiquen eternamente las maravillas de tu Misericordia.

    Que la Luz infinita de la Caridad ilumine las almas de los infieles que permanecen en tinieblas; haz, Señor, que los paganos te conozcan y alaben tu bondad eternamente.

    - ¡Eterno Padre!, mira con ojos de Misericordia las almas de los paganos e infieles que aún no conocen el Misericordiosísimo Corazón de tu Hijo y Señor Nuestro Jesucristo; vuélvete hacia ellas y atráelas a la luz del Evangelio, para que conozcan la inmensa dicha de amarte, y para que glorifiquen eternamente tu Misericordia. Amén.

Padrenuestro... Avemaría... Gloria...


Día Quinto

Roguemos por los hermanos separados, a fin de que pronto lleguen a la plena comunión con la Iglesia Católica.

    - ¡Misericordiosísimo Jesús!, que eres Bondad infinita y concedes tu Luz y tu Gracia a los hombres de buena voluntad, recibe también en tu Sagrado Corazón a nuestros hermanos separados: Ortodoxos y protestantes, y atráelos a la plena comunión con tu única Iglesia.

    - ¡Eterno Padre! Te suplicamos por el amor de tu Hijo y por los méritos de su Pasión y Muerte, que estos grupos cristianos pronto entren en plena comunión con tu Iglesia Católica, a fin de que, según la voluntad de Jesús, formemos un solo rebaño bajo un solo pastor.

Padrenuestro... Avemaría... Gloria...


Día Sexto

Roguemos por los niños y por aquellos que por su pureza y sencillez se han hecho semejantes a ellos.

    - ¡Misericordiosísimo Jesús! que dijiste: "Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt. 11-29): guarda en tu Misericordiosísimo Corazón las almas de los niños y de aquellos que, a semejanza de ellos, se han hecho mansos y humildes y que, cual un fragante ramillete ante el Trono del Padre Celestial, causan en el Cielo un gozo suavísimo. Haz que permanezcan siempre en tu Corazón y glorifiquen incesantemente la Divina Misericordia.

    El alma verdaderamente humilde y apacible, ya vive el Paraíso en esta tierra. Con la suave fragancia del corazón casto y humilde, se regocijan los espíritus celestiales y el Creador.

    - ¡Eterno Padre!, posa tu mirada de Misericordia sobre los corazones de los niños y de los mansos y humildes, los que más se asemejan a tu Hijo; el perfume de sus virtudes ascienda hasta tu Trono ¡oh Padre Miserfcordioso! Te imploramos, por el amor y delicias que hallas en estos corazones, que bendigas al género humano, para que todos adoremos eternamente tu Misericordia. Amén.

Padrenuestro... Avemaría... Gloria...


Día Séptimo

Roguemos por los devotos de la Divina Misericordia, para que lleguen a ser una viva imagen del Corazón Misericordiosísimo de Jesús.

    - ¡Misericordiosísimo Jesús!, cuyo Corazón es Amor: recibe en la morada de tu Corazón a las almas que tributan especiales homenajes de alabanza a las grandezas de la Divina Misericordia, y que, atrozmente apenados por los pecados de los hombres, te ofrecen reparación personal y se esfuerzan por hacer conocer tu infinita bondad e ilimitada compasión: Protégelos con tu más grande Misericordia y socórrelos siempre con la Gracia de la Perseverancia, de la Fortaleza y de la Paciencia.

    El alma que alaba la bondad de su Señor, es amada con predilección por El, y participa en todo momento de la Fuente Viva, obteniendo Gracias de la Divina Misericordia.

    - ¡Eterno Padre!, mira con ojos de Misericordia las almas que se dedican asiduamente al culto y alabanza de tu infinita Misericordia, que te glorifiquen de palabra y de obra, e, imitándote, cumplan obras de Misericordia con sus hermanos. Concédeles, te suplicamos humildemente, tu más grande Misericordia, según la confianza que ponen en tus promesas, y protégelos siempre, principalmente en la hora de la muerte. Amén.

Padrenuestro... Avemaría... Gloria...


Día Octavo

Oremos por las almas retenidas en el Purgatorio, para que el torrente de la Sangre de Cristo mitigue y abrevie sus tormentos.

    - ¡Misericordiosísimo Jesús!, que dijiste: "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (Lc. 6,36): recibe en la morada de tu Corazón las almas retenidas en el Purgatorio, para satisfacer allí su deuda con la Justicia Divina. Que los torrentes de Sangre y Agua que brotaron de tu Corazón, extingan las llamas del fuego del Purgatorio, para que también allí sea glorificado el poder de tu Misericordia.

    Que la Misericordia tuya se muestre en el fragor horrible del ardiente fuego del Purgatorio: que el torrente de Sangre y Agua de tu Sagrado Costado lleve consuelo, descanso y alivio a las almas.

    - ¡Eterno Padre!, dirige tu mirada Misericordiosa a las almas que penan en el Purgatorio, y por la dolorosa Pasión de Jesús, y por la amargura y tristeza que inundaban el Sacratísimo Corazón, muestra tu Misericordia a aquellos que ahora están pagando la deuda debida a tu Justicia. Te imploramos que mires con misericordia a esas almas a través de las Llagas de tu amadísimo Hijo y Señor Nuestro Jesucristo. Amén.

Padrenuestro... Avemaría... Gloria...


Día Noveno

Roguemos por las almas tibias.

    - ¡Misericordiosísimo Señor! Haz entrar en la morada de tu Corazón a todas las almas tibias, las cuales, en tu Agonía del Huerto de los Olivos, te causaban repugnancia y aversión como cadáveres fétidos. Sumérgelas en el fuego purísimo de tu Amor, para que se enciendan más y más, en las llamas de tu Amor y así glorifiquen continuamente tu Misericordia.

    El fuego no puede estar con el frío; o se extingue el fuego o cesa el frío; pero la infinita Misericordia de Dios puede transformar en llamas el hielo de los corazones tibios.

    - ¡Eterno Padre!, dirige la mirada de tu Misericordia a las almas tibias. Te lo imploramos por la amarga Pasión de tu amado Hijo y Señor Nuestro Jesucristo, y por su Agonía en la Cruz, enciende en ellas nuevos ardores por tu Gloria; infunde en sus corazones la verdadera Caridad, para que, vivificadas por ella, puedan realizar obras de Misericordia, y glorificar eternamente la Misericordia Divina. Amén.

Padrenuestro... Avemaría... Gloria...



PROMESA A LOS QUE PROPAGUEN ESTA DEVOCION:

"Protegeré durante toda su vida a las personas que trabajen en divulgar mi Misericordia, como una madre protege a sus hijos. En la hora de la muerte no seré para ellas un Juez, sino un Redentor Misericordioso".